Quiero volver a verte sonreírme así

La página que precede a este texto en mi libreta está arrancada porque no he podido ni he querido evitar darle la siguiente nota a una bellísima chica de tez latina y cuerpo sensualmente curvilíneo que, sentándose frente a mí en el tren camino a Barcelona, me ha esbozado una maravillosa sonrisa que me ha cautivado por completo: Continuar leyendo “Quiero volver a verte sonreírme así”

Tu capacidad infinita de amar

No te conozco de nada y sigo sin saber de ti más que tu capacidad infinita de amar, porque lo veo. Veo cómo eres capaz de superar tu pánico a volar por atender a tu hijo de apenas dos años que ahora duerme bajo tu atenta mirada. Yo no puedo dejar de observarte y vivir, desde donde estoy, este cariño como si fuera mi piel la que acaricias con tal suavidad. Continuar leyendo “Tu capacidad infinita de amar”

Vivirlo contigo

Acabábamos de follar, esa prácticamente desconocida y yo yacíamos desnudos en la gigantesca cama de mi habitación de hotel completamente exhaustos, recuperábamos el aliento mientras notábamos enfriarse nuestros cuerpos por el efecto del aire acondicionado que nos protegía de los treinta-y-cinco grados que azotaban el cristal de la ventana sin cortinas. Ventana por la que cualquier mirada indiscreta habría podido disfrutar del espectáculo que hubiera acontecido pocos minutos atrás. Continuar leyendo “Vivirlo contigo”

Ella hace que mi alma sea más grande

Se acaba de poner toda la maquinaria en marcha. Vamos a por el “ting”. De manera sorprendentemente sobria he iniciado un momento microondas de los gordos, de esos que se merecen hasta un post. 😉

Me siento tan orgulloso de cómo lo he planteado, del modo en que lo he iniciado y la voluntad con la que estoy decidido a llegar al final de este proceso que ni siquiera quiero que nadie me desmienta la situación desencadenante. Continuar leyendo “Ella hace que mi alma sea más grande”

Prefiero no dormir contigo

Abro los ojos, me desperezo, me levanto de la cama, salgo de la habitación y todo sigue igual que lo dejé ayer a las cinco de la tarde. Son las seis de la mañana y estoy plantado en el salón, en silencio, escuchando cómo éste retumba en toda mi casa y me percato que prefiero dormir sólo tres horas contigo que trece sin ti. Aunque al día siguiente me caiga de sueño por los rincones, será mi cuerpo el que se lamentará pero mi alma lo consolará diciéndole que valió la pena. Continuar leyendo “Prefiero no dormir contigo”