Dos Venus de la mano

No era la primera vez que tocaba el cuerpo perfectamente esculpido y decorado por varios insinuantes tatuajes de esa mujer de rizos color rojo fuego que me recordaba cuán ardiente puede llegar a ser. Ya conocía de su entrega apasionada al haber presenciado, cuando aún éramos desconocidos, cómo consumía a cinco hombres a la vez dejándolos exhaustos en su empeño vagamente satisfecho de saciarla. Continuar leyendo “Dos Venus de la mano”

Ni su voz ni su nombre

Estoy en Torrevieja donde vengo de vez en cuando a visitar a una amiga muy especial. Hoy, otra vez, he tenido que salir de casa de ella porque va a venir un chico con el que se está enrollando y se ve que al chico, si se encontrara al amante con quien se acuesta su amante cuando él está con su novia, le estallaría la cabeza… irónico, sí, pero es lo que hay. Así que me toca buscar cómo pasar el rato en la calle mientras ellos se embisten cariño y se besan mordiscos. Continuar leyendo “Ni su voz ni su nombre”

Quiero volver a verte sonreírme así

La página que precede a este texto en mi libreta está arrancada porque no he podido ni he querido evitar darle la siguiente nota a una bellísima chica de tez latina y cuerpo sensualmente curvilíneo que, sentándose frente a mí en el tren camino a Barcelona, me ha esbozado una maravillosa sonrisa que me ha cautivado por completo: Continuar leyendo “Quiero volver a verte sonreírme así”

Tu capacidad infinita de amar

No te conozco de nada y sigo sin saber de ti más que tu capacidad infinita de amar, porque lo veo. Veo cómo eres capaz de superar tu pánico a volar por atender a tu hijo de apenas dos años que ahora duerme bajo tu atenta mirada. Yo no puedo dejar de observarte y vivir, desde donde estoy, este cariño como si fuera mi piel la que acaricias con tal suavidad. Continuar leyendo “Tu capacidad infinita de amar”

Vivirlo contigo

Acabábamos de follar, esa prácticamente desconocida y yo yacíamos desnudos en la gigantesca cama de mi habitación de hotel completamente exhaustos, recuperábamos el aliento mientras notábamos enfriarse nuestros cuerpos por el efecto del aire acondicionado que nos protegía de los treinta-y-cinco grados que azotaban el cristal de la ventana sin cortinas. Ventana por la que cualquier mirada indiscreta habría podido disfrutar del espectáculo que hubiera acontecido pocos minutos atrás. Continuar leyendo “Vivirlo contigo”