Nosotras ya sabíamos cómo iba terminar la noche

“Que yo esté pachucha no implica que tú tengas que quedarte encerrado en casa, con uno que pringue ya es suficiente, sal y pásatelo bien.” Todo ha empezado, bueno, mejor dicho todo empezó ayer con esta frase que me dijo mi pareja y por lo que decidí finalmente ir a la cena a la que me había invitado una desconocida con la que tenía contacto por Facebook. Me apetecía conocerla o mejor dicho conocerlas porque también habría una amiga suya con la que también había estado escribiéndome alguna vez.

Así que me presenté en el restaurante en que habían quedado para acoplarme a un grupo de gente que no conocía de nada y cenar con ellos. Ahí las conocí, a S y a F, charlamos, cenamos… se me da bien socializar pero no dejo de sentirme un poco raro sobretodo porque al no conocer a nadie previamente no sé muy bien de qué hablar. Pero lo pasé bien, conocí gente interesante y me sentí cómodo.

Después de los postres cambiamos de ubicación para tomar “los cafés” en un bar a pocos metros del restaurante y así cambiar un poco de ambiente. Cambió el tono de las conversaciones y se empezó a definir un plan para esa noche. Se dijo de ir a tomar una copa a algún sitio y propuse Uhomo. Me sorprendió lo fácil que se aceptó la propuesta y de hecho, ahí terminamos después de repartirnos entre los diferentes coches de que disponíamos.

Las noches de los Jueves no son tan moviditas en Uhomo como las de un sábado, por ejemplo, pero había bastante gente y, al fin y al cabo, nuestra intención era ir a tomar algo, bailar y además conocer un sitio nuevo, así matábamos dos pájaros de un tiro.

Ahí bailamos, mucho, bailé un poco con F algo de salsa y algo de bachata, siempre juego esa carta, pero no vi mucha intención de que pasara nada conmigo por su parte, todo lo contrario de S que estuvo jugando con el acercamiento y las indirectas prácticamente desde la cena. Pero me pareció que era su forma de ser, de jugar de estar. Bueno, pues no siempre acierto, me equivoqué, me equivoqué bastante y me equivoqué con ambas pero de eso me di cuenta luego cuando las vi a través de un cristal cómo me hacían señales para que fuera a la pecera, la sala de camas en la que se encontraban y desde la que se ve toda la pista de baile. Anda que tardé en cruzarme la pista, entrando en la zona de camas y encontrándomelas a medio camino en un pasadizo oscuro y extremadamente estrecho al que hay que pasar para acceder a la pecera.

Ahí, en esa situación se me despejaron todas las dudas, ambas me tenían ganas y me habían estado buscando desde que entramos en el club.

No me lo podía creer:

“Date cuenta de lo que está pasando. Tienes a estas dos chicas que se te están comiendo con los ojos con esas sonrisas pícaras, entre nerviosas y excitadas a escasos centímetros de ti. No tengo que alargar mucho los brazos para llegar a sus cinturas, con la mano derecha S y con la izquierda F. Ellas aceptan mi contacto y se arquean un poco para acercar sus caderas hacia mí facilitándome el acceso a sus espaldas con mis manos.”

Se me aceleró todo, incluso la respiración lo que provocó que se me notara la excitación y eso a ellas les gustó, ya me tenían dónde y cómo me querían tener. Les confesé que estaba sorprendido, que no me imaginaba que quisieran nada conmigo, sobretodo F a la que había notado poner un poco de distancia en algún momento. – “¿Ah sí? Pues nosotras ya sabíamos cómo iba a terminar la noche desde que estábamos en el restaurante.” – Ahí ya se me escapó una risa nerviosa y me puse a cien.

Nos hicimos nuestra una de las “habitaciones”, la pequeña que hay justo al entrar en la zona de camas, al lado de la jaula. Entre los nervios de lo inesperado, cansancio por el bailoteo previo dándolo todo, no sabía por dónde empezar. Sí, a veces no tengo la situación completamente controlada.

– “Antes de empezar queremos comentarte algo. Somos muy amigas pero tenemos el acuerdo de que no interactuaremos entre nosotras. Las dos vamos a jugar contigo y tú puedes jugar con las dos pero entre nosotras nada.”

Eso era una situación nueva para mí, todos los tríos que había hecho hasta el momento con dos mujeres, ellas eran bisexuales y jugaban entre ellas. Siempre he dicho que los mejores tríos son aquellos que haces con dos mujeres bisexuales y si una de ellas es tu pareja ya es de escándalo. Desengañémonos, por muy potente que seas, como hombre, por mucho que te esmeres, nunca podrás satisfacer a dos mujeres al 100% y menos a la vez… Me encontraba entonces con una situación nueva y con una sensación de presión por intentar complacerlas a las dos a la vez yo sólo. Como contrapunto tenía el ego subiéndome por momentos porque tenía a las dos deseándome a mí y sólo a mí en ese momento. ¡Venga! Por si no tenía suficiente presión, nervios, agotamiento.

Aclaradas las normas de juego, nos dispusimos a empezarlo, suavemente con besos. Entre beso y beso íbamos sacando alguna prenda de ropa. En condiciones normales, en un club me falta tiempo para desnudarme, pero es que teóricamente no tenía que pasar nada, estábamos ahí sólo para tomar algo y nos estábamos desnudando para tomarnos unos a otros. Hasta S me confesó que no llevaba las braguitas de follar porque esa no era la idea de cómo trascurriría la noche en el momento de salir de casa. Primero la parte de arriba, F llevaba un chaleco igual que yo, eso fue lo primero en volar quedándome yo con el torso al aire y ellas protegidas aún por sus ropa interior, me tomé una pausa de sacarles la ropa para centrarme en F, la que estaba más nerviosa, si cabe, de los tres… por lo menos más que yo porque me da la sensación que S no tenía ni un atisbo de estar nerviosa. Me dediqué a besar a F mientras sentía a S a mi espalda, acariciándome y besándome el cuello. Tan obsesionado estaba en intentar templar los nervios de F a base de caricias y besos que no me percaté de lo que hacía S puesto que ya no notaba el contacto de su cuerpo. Cuando volvió, giré la cabeza para saborear otra vez los labios de S, mis labios aún tenían el calor de los besos de F. Así que por un momento sentí besarlas a las dos al mismo tiempo.

Mi mano izquierda buscó la pierna de S mientras la derecha se encargaba de mantener el pecho de F bien pegado al mío apresándola para evitar que su boca se me escapara. Se dice que los hombres no somos capaces de hacer dos cosas a la vez, es por eso que dejé que mis manos fueran por libre explorando cada una uno de los cuerpos que más deseables se me antojaban en ese momento.

Uno de los primeros de tantos escalofríos que me provocarían fue cuando mi mano izquierda, recorriendo la pierna hacia arriba de S, llegó a su entrepierna haciéndome descubrir que estaba completamente desnuda. Sorpresa completamente agradable, pero… ¿cómo podía ser que ya estuviera completamente desnuda mientras que yo aún llevaba los pantalones puestos y, ni siquiera el cinturón desabrochado?

Mi preocupación por no haber sido el primero en desnudarme esta vez de esfumó de repente y volví a la situación, había notado lo abundantemente mojada que estaba S, sentí mis dedos completamente empapados. No pude evitar traerme con prisas los dedos a la boca, necesitaba saborearla, ingerir parte de ella… deliciosa.

Necesité deshacerme de tanta ropa, necesitaba liberar mi cuerpo para ofrecérselo para que me devoraran o hicieran conmigo lo que les placiera.

Se me hizo extraño, incluso sentí que no sabía cómo podía estar por ellas dos a la vez, estoy acostumbrado a centrarme en alguien y que la tercera persona me ayude a estimularla, como compañeros con un mismo objetivo, regalar placer. Pero esta vez fue diferente, cuando me centraba en una de ellas, la otra pasaba a ser espectadora de nuestra intimidad. La verdad es que con lo exhibicionista que soy, tener público que además veía lo que seguidamente pretendía hacerle a ella… me suponía un reto morboso.

F no se quitó la ropa interior, necesitaba mantener ese límite y se lo respeté, y eso hizo que su cuerpo aún fuera más prohibido, sólo podía sentir su cuerpo a través del tejido lo que me hacía agudizar mi sentido del tacto. Mordía la copa de su sujetador para que sintiera mis ansias en su pecho, presionaba sus braguitas para que sintiera el calor de mi cuerpo en su sexo, traspasé virtualmente su ropa, su barrera para llegarle lo más profundo dentro de ella con mi esencia, con mi deseo para encontrar el suyo.

En todo momento sentía la mirada de S que nos observaba disfrutando de nuestros cuerpos bailando en horizontal a escasos centímetros del suyo. De vez en cuando, alguna de mis manos la buscaba para cerciorarse de que seguía ahí… y la encontraba.

Luego S fue quien acaparó mi atención, repasé su cuerpo con prisas, parecía que quisiera memorizarlo antes de que desapareciera. Ya había probado el sabor de su sexo y no me había saciado aún el hambre de él así que no tuve más remedio que situarme entre sus piernas, quería alimentarme de ella, no era un deseo, era una necesidad vital.

F no pudo evitar regalarme caricias y besos en la espalda mientras yo me centraba en provocar un orgasmo a su amiga con mi lengua y mis dedos. No sé quién de los dos se lo agradecerá más pues yo sentía el placer de sus regalos pero intensificaban mi voracidad que saciaba con S.

El tiempo se nos pasó volando, lo que tenía una cena y copa de esas medio de compromiso que con total seguridad te permitirá estar de vuelta en casa poco después de medianoche, se había prolongado hasta más allá de las cuatro de la madrugada.

Cuando salimos de ese especie de estado de embriaguez y nos dimos cuenta de la hora que era, bajamos a la tierra y, sensatos como queríamos parecer, decidimos retirarnos. En la cola del guardarropa, se sucedían miradas y sonrisas, de vergüenza por sabernos desconocidos que habían compartido momentos intensos, apasionados y cargados de intimidad. Salimos a la calle y buscábamos excusas para no separarnos, para que la noche no terminara ahí. No podíamos simplemente irnos cada uno por su lado así que apuramos hasta que el sol ha salido impertinente recordándonos que, quisiéramos o no, la noche había terminado.

Ahora me siento en mi cama, muerto de sueño, agotado y con la mujer de mi vida durmiendo a mi lado. Ella aún no lo sabe pero siento profundo agradecimiento y amor por el regalo que me ha hecho esta noche.

– “Buenas noches amor mío, me lo he pasado muy bien y me muero de ganas por contártelo todo. Te quiero.”

Me tumbo a su lado, la abrazo y me duermo en su pelo.

Aún me dan escalofríos cada vez que recuerdo sus miradas, sus sonrisas, sus caricias y sus besos… como ahora mismo, por ejemplo, uno me recorre la espalda y tiemblo.

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