Ni su voz ni su nombre

Estoy en Torrevieja donde vengo de vez en cuando a visitar a una amiga muy especial. Hoy, otra vez, he tenido que salir de casa de ella porque va a venir un chico con el que se está enrollando y se ve que al chico, si se encontrara al amante con quien se acuesta su amante cuando él está con su novia, le estallaría la cabeza… irónico, sí, pero es lo que hay. Así que me toca buscar cómo pasar el rato en la calle mientras ellos se embisten cariño y se besan mordiscos.

Ayer, que también me tocó escaparme de su casa, descubrí el Lolyta Café. Tengo que confesar que me encanta porque cada detalle está cuidado al máximo: La decoración, la música, los uniformes, el trato del personal, los smoothies… concretamente el de mango, ¡espectacular!

Hoy no lo he dudado, directo al mismo sitio pues tengo wifi y un par de mesas con enchufe para el portátil que uso para escribir posts como éste. Vaya que tengo todo lo que necesite, quiera, me apetezca o me encapriche.

Nada más llegar, me he encontrado mi rincón favorito ocupado por una chica. Chica que parece diseñada para encajar a la perfección en la decoración tan chic de la cafetería. Igual que el local, nada en esa mujer se me antoja casual. Entre las patas de sillas y mesas, asoman sus zapatos de tacón rojos que, como guindas, decoran sus largas piernas enfundadas en unas medias negras que estilizan aún más, si cabe, esa figura que, ahora que se ha levantado, puedo contemplar por completo. El peto tejano azul corto que apenas cubre sus tercios superiores, su jersey también rojo combinado con los zapatos y los pendientes de aro a juego con el carmín de sus labios. Pulseras, colgantes y un pelo corto le dan el toque moderno y sexy sin ser recargado ni austero; un equilibrio perfecto. Ahora que me la miro, por sus ojos y nariz, me recuerda a Amelíe Poulain, sobretodo cuando me clava la mirada obligándome a bajar la mía, o ¿me creíais con el valor suficiente para aguantársela?

¿En serio? Parece cachondeo que ahora esté sonando  “Lady in red” de Altiyan Childs en la cafetería! jajaja

Sigo que me pierdo:
Una vez acomodado en la otra mesa con enchufe y quedando sentado con ella justo en frente, me he pedido mi smoothie de mango, como no podía ser de otra manera. Soy de vicio fácil y este smoothie se merece que caiga en su tentación una y otra vez.

Hasta aquí normal, enciendo el portátil, me conecto a la wifi y me pongo a escribir, cómo no, acerca de esa chica que me tiene la atención secuestrada. Empiezo por describir la situación, el sitio y a ella, tal como he mencionado hace un momento, se levantó para pedir algo. Lo curioso es que se pidió un smoothie y si podréis imaginar de qué, mango, por supuesto.

Se me escapa una sonrisa con una carcajada sorda a modo de soplo a través de ella… como el que se da cuenta que lleva unos segundos aguantando la respiración y la suelta.

Entre pasadas de página de su libro y sorbos de su smoothie, han coincidido nuestras miradas en el momento en que ambos estábamos bebiendo. La decoración característica de nuestras copas ha hecho que se percatara de que nos habíamos pedido lo mismo y se le ha escapado una sonrisa cómplice. Uno es sensible a las sonrisas que enamoran como esa y claro… pues me he enamorado de esa perfecta desconocida de la que no conoceré ni su voz ni su nombre.

Un comentario en “Ni su voz ni su nombre”

  1. Wau cielo que pasada de situación
    Lo que has experimentado es absolutamente muy excitante y lo la un montón.
    Me alegro un montón que hayas disfrutado ese momento.
    Besitos.

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