Tres deseos

Cuando te preguntan qué pedirías si tuvieras tres deseos, puedes contestar lo primero que te venga a la mente, seguramente alguna banalidad efímera que en el caso de cumplirse te dejaría con sensación de insatisfacción, o tomarte un momento y pensar.

“Ten en cuenta que puedes pedir absolutamente cualquier cosa.”

Creo que lo primero que pediría es poder hablar con mi padre al que perdí hacer relativamente poco. Sólo necesito decirle que le echo de menos y preguntarle sólo una cosa que no pude preguntarle y de lo que nunca sabré la respuesta.

Ya he gastado uno.

Después necesito un día, pero esta vez un día entero con mi madre porque tengo tantas cosas por contarle:

Le presentaría a su nieto del que seguro se sentiría orgullosa por lo noble, listo y bueno que es.

La escucharía contándole batallitas de cómo era su padre cuando tenía su edad. Así estaríamos toda la mañana explicándole lo que hizo, lo que fue y dónde llegó hasta la comida que mi hijo se pasaría mirando con total admiración a su abuela a la que nunca había llegado a ver de la misma manera que la miraría yo ahora si la tuviera delante.

Después de comer querría pasar la tarde a solas con ella para contarle todo lo que se perdió en estos doce años. Lo que he vivido, a quien he conocido y a quien he perdido, lo que he hecho y lo que aún tengo pendiente por hacer. Aprovecharía para pedirle consejo por lo que me preocupa y que normalmente no tengo oportunidad de consultarle. Le hablaría de quien ocupa mi corazón, mi pensamiento, quien me hace llorar y hago llorar, quien me da felicidad y a quien muero por hacer feliz.

Necesitaría un día entero para que pudiera ver en la persona en que me he convertido y pudiera sentirse orgullosa de mí tal como yo me siento orgulloso cuando cuento quien fue mi madre.

Me queda el tercero.

Éste casi que podría decir que me sobre, pero no nos engañemos. ¿Quién lo desaprovecharía?

Pues nada, déjame pensar… lo típico: ¿Dinero? ¿Cuánto? ¿La cuenta llena? ¿Una tarjeta de crédito sin límite gratis? ¿Salud? La podría comprar con dinero igual que estar delgado, cachas, ropa, viajar, un coche nuevo, una casa, sexo, éxito…

¿Sabes qué? Como tercer deseo, voy a pedir que dentro de diez años me vuelvas a preguntar qué pediría si tuviera tres deseos. Seguramente, esa vez, a mi padre también le dedicaría un día entero y tú te sentarías a comer con nosotros.

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